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Guía para el tratamiento
de la Osteodistrofia Renal
Grupo de expertos de la Sociedad Española de Diálisis y
Trasplante
M. Teresa González Álvarez (Coordinadora), J.Bover, E.Fernandez
, A.Foraster, J.G.Hervás, A Llopis, A.Palma, JE Ruiz, R Sans y
V. Torregrosa
El hiperparatiroidismo secundario (HPT 2º) representa una complicación
grave de la insuficiencia renal crónica (IRC) y constituye la forma
más conocida, aunque no la única, de alteración ósea
asociada a la misma. Hasta la última década del siglo XX,
el problema de la osteodistrofia renal estaba enfocado sólo hacia
las alteraciones óseas ya que los pacientes presentaban importantes
dolores musculares, deformidades óseas, fracturas y en los niños
se añadía falta de crecimiento estatural conociendo esta
alteración como enanismo renal. Hoy el problema se amplía
ya que se conoce que tanto el metabolismo de la vitamina D como el del
calcio y la hormona paratiroidea juegan un papel fundamental en múltiples
cadenas metabólicas. Hay que destacar la utilidad de los niveles
normales de vitamina D en el control de las alteraciones inmunitarias
y en diversas neoplasias y se sabe también que el hiperparatiroidismo
puede acompañarse de un cortejo pluripatológico atribuible
a la PTH destacando la anemia, hipertensión arterial y enfermedad
vascular, especialmente grave cuando afecta a los vasos coronarios.
Es por ello necesario controlar los niveles de vitamina D y prevenir la
aparición de HPT 2º desde fases precoces de la IRC.
¿Por qué aumenta la hormona
paratiroidea?
La insuficiencia renal progresiva se acompaña
de una incapacidad de eliminar la carga de fósforo y el consiguiente
aumento de fósforo plasmático, especialmente en fases tardías
de la IRC. Previamente, el fósforo puede acumularse en el tejido
renal inhibiendo la 1 alfa-hidroxilasa (1) que es la enzima encargada
de transformar el 25-(OH)-colecalciferol, sintetizado en el hígado,
en 1,25-(OH)2-colecalciferol o calcitriol. El calcitriol es el metabolito
terminal activo de la vitamina D y actúa sobre los receptores (VDR)
que se encuentran principalmente en las glándulas paratiroides,
intestino, huesos y riñón, pero también en otros
tejidos no tan conocidos como la piel, el sistema inmune, las células
beta o los vasos sanguíneos (2).
Hoy se da importancia a los niveles de 25-OH-colecalciferol ya que son
un buen marcador del estatus de vitamina D de los pacientes. Esta primera
hidroxilación se produce en el hígado a partir del precursor
(colecalciferol) que se sintetiza en la piel mediante la acción
de los rayos solares y varía según las razas, las latitudes
y la estación del año (3). En los pacientes de edad que
toman poco el sol y llevan una vida poco activa en el exterior, estos
niveles pueden estar muy reducidos. Este hecho es de especial relevancia
teniendo en cuenta que la edad media de los pacientes en diálisis
es avanzada.(4)
El calcitriol tiene un doble efecto: el primero es inhibir directamente
la síntesis de PTH en las glándulas paratiroides, actuando
sobre sus receptores específicos, y el segundo es actuar sobre
los receptores intestinales de calcio, favoreciendo la absorción
activa del mismo y regulando por tanto, a su vez, la producción
de PTH.
Cuando bajan los niveles de calcitriol, disminuye el efecto inhibidor
sobre los receptores de vitamina D de las glándulas paratiroides
(que a su vez son más escasos a medida que avanza la IRC) y se
estimula la producción de PTH y el crecimiento glandular. Al mismo
tiempo, el menor efecto sobre los receptores intestinales de calcio, favorece
la aparición de hipocalcemia que estimula también la producción
de PTH (5).
El sensor del calcio es un receptor acoplado a la proteina G situado en
la superficie celular y que responde directamente a las concentraciones
de calcio extracelular. Se trata del primer receptor iónico descrito
y se encuentra en las glándulas paratiroides y otros tejidos como
riñón, cerebro, células tiroidales y tracto gastrointestinal.
A nivel de paratiroides regula la producción de PTH, mientras que
en el riñón regula la excreción de calcio y otros
iones divalentes (6).
Para completar el fenómeno de estimulación, se sabe que
el fósforo actúa directamente sobre las glándulas
paratiroides y aumenta la síntesis y secreción de PTH por
un mecanismo postranscripcional (7,8), y también se habla hoy de
la posible existencia de un sensor del fósforo.
Finalmente, la hipertrofia glandular, es decir el aumento del tamaño
de las células sin aumento del número de las mismas, es
una primera fase del hiperparatiroidismo que se considera reversible (9),
mientras que cuando aumenta el número de células (hiperplasia
glandular), y sobre todo cuando estas células pasan del estadio
policlonal al estadio monoclonal (10), se considera que el crecimiento
es autónomo e irreversible (11). Se ha descrito en la IRC una disminución
de la expresión del sensor del calcio en las glándulas hiperplásicas.
(12)
Métodos diagnósticos
Alteraciones bioquímicas y hormonales
Las alteraciones óseas de la insuficiencia renal crónica
se diagnostican en primer lugar por las alteraciones bioquímicas
características como son los niveles de calcemia y fosforemia,
las fosfatasas alcalinas totales y la fracción ósea de la
fosfatasa alcalina, la fosfatasa ácida tartrato- resistente, los
niveles de parathormona intacta (PTH-i) y los niveles de 25-(OH)-colecalciferol
y 1,25-(OH)2-colecalciferol o calcitriol.
Se da especial valor al producto fosfocálcico ya que se cree que
esta combinación es la responsable de la formación de cristales
de hidroxiapatita y de los depósitos extraóseos de los mismos.
Radiología ósea
Tuvo su importancia en el diagnóstico de las lesiones óseas,
sobre todo en los años en que la bioquímica estaba poco
desarrollada. Eran características las alteraciones óseas
de los metacarpianos y falanges distales, el adelgazamiento de corticales
de huesos largos, el cráneo en sal y pimienta, así como
las alteraciones de la lámina dura dentaria. Hoy en día
se les da menos valor ya que se encuentran alteraciones bioquímicas
y hormonales que preceden a la aparición de las alteraciones radiológicas
características y por tanto se inician muchas veces terapias de
prevención antes de que aparezcan dichas lesiones óseas.
Por otra parte las variaciones radiológicas son muy lentas, por
tanto son técnicas poco útiles para el seguimiento de la
evolución de las lesiones, así como de la respuesta a los
distintos tratamientos.
Gammagrafía ósea
Se utiliza para diagnóstico de la situación del turnover
óseo. Sirve para hacer un rastreo de la extensión en todo
el esqueleto de la afectación ósea. Puede ser útil
también para detectar captación de trazador en partes blandas
que, en ausencia de afectación ósea, es un signo indirecto
de la presencia de una enfermedad ósea adinámica. En algunos
casos ha permitido diagnosticar la presencia de calcificaciones metastásicas
extraesqueléticas.
Densitometría ósea
Resulta poco útil para el diagnóstico y seguimiento de las
lesiones de hiperparatiroidismo secundario. Traduce más la osteopenia
de la zona estudiada. Puede ser útil en los casos en los que hay
fracturas ósea o aplastamientos vertebrales y se utiliza para control
de la osteoporosis corticoidea en pacientes después del trasplante
renal
Gammagrafía paratiroidea
La gammagrafia de sustracción con Talio-Tecnecio o con Sestamibi
puede ser de utilidad en la localización de las glándulas
más hiperplásicas o autónomas y sobre todo para descartar
la presencia de glándulas ectópicas intratímicas
o mediastínicas. Se aconseja realizarla antes de la paratiroidectomía
para decidir cuales son las glándulas más desarrolladas
y/o más activas y por tanto cuáles son las que se deben
extirpar y en ningún caso criopreservar. Evita recidivas precoces
cuando existen glándulas ectópicas que podrían quedar
indiagnosticadas.
Biopsia ósea
Es el gold standard
en el diagnóstico del tipo de afectación ósea. Su
uso fue muy extendido para iniciar el conocimiento de las diversas alteraciones
óseas en la insuficiencia renal y como respuesta a los tratamientos
que se han propuesto a lo largo de las últimas décadas.
Por su carácter cruento, que dificulta el poderlas repetir de forma
seriada, su uso se ha ido haciendo menos frecuente y queda en la actualidad
como una técnica útil para diagnosticar casos difíciles
en los que exista controversia entre los datos clínicos y las demás
exploraciones o en los que hay una respuesta anómala al tratamiento.
No obstante ha sido la técnica de elección para establecer
los distintos tipo de afectación ósea y proponer su tratamiento.
La principal alteración en el hiperparatiroidismo secundario es
la osteitis fibrosa.
Osteitis fibrosa
Es la principal consecuencia del hiperparatiroidismo
secundario. Se caracteriza por la destrucción progresiva de las
trabéculas óseas, debido a la estimulación de los
osteoclastos por la hormona paratiroidea (13). Este aumento del turnover
óseo no va acompañado de la suficiente aposición
ósea por parte de los osteoblastos, existe un aumento de su número
al igual que el de osteoclastos, por lo que la formación de nuevas
trabéculas va una velocidad inferior a la destrucción y
esto lleva a la pérdida de continuidad entre las corticales, debilitando
la estructura ósea. Este fenómeno se acompaña de
una fibrosis de la médula que a su vez produce una disminución
de la formación de elementos formes de la sangre, responsable en
parte de la anemia del paciente renal.
En el paciente que vuelve a diálisis tras un trasplante renal éstas
alteraciones pueden asociarse a la osteopenia producida por un tratamiento
prolongado con corticoides, lo que puede debilitar todavía más
las ya escasas y delgadas trabéculas óseas. En estos casos
se ha demostrado el efecto beneficioso del tratamiento con vitamina D
(14).
Manifestaciones clinicas asociadas
al hiperparatiroidismo en la insuficiencia renal crónica.
Aunque casi todos los signos y síntomas de la IRC se han asociado
de un modo u otro a la PTH vamos a repasar las más destacadas por
su mayor repercusión clinica:
Hipercalcemia
Depósitos extraóseos
Calcifilaxis
Anemia
Hipertensión arterial
La presencia de unos niveles elevados de PTH en fases avanzadas de la
insuficiencia renal y especialmente tras iniciar tratamiento renal sustitutivo
pueden asociarse a hipercalcemia. Si esta hipercalcemia se asocia a unos
elevados niveles de fósforo conduce a un producto fosfocálcico
elevado que puede dar lugar a la presencia de depósitos extraóseos
de cristales de hidroxiapatita. Estos depósitos tienen lugar en
partes blandas, en diversos órganos y en los vasos (15), dando
lugar a una verdadera osificación activa vascular. Cuando estos
fenómenos tienen lugar en pequeños vasos de las extremidades
pueden dar lugar al fenómeno de la calcifilaxis (16). Si se depositan
en las arterias coronarias pueden dar lugar a fenómenos isquémicos
cardíacos (17). Ambos contribuyen a aumentar la mortalidad cardiovascular
que es la principal causa de mortalidad en el paciente en diálisis
(18). Hoy se sabe que el fósforo así como otros numerosos
factores como el AMPc, el TGF beta, el colesterol, los AGES, etc. pueden
transformar las células de músculo liso vascular en células
semejantes a osteoblastos conduciendo finalmente al depósito en
ellas de cristales de hidroxiapatita (19).
La anemia de la IRC es parcialmente consecuencia de la fibrosis medular
secundaria. Se asocia a otras causas de anemia de la insuficiencia renal
crónica, como es la disminución de la producción
de eritropoyetina y puede ser responsable de la resistencia al tratamiento
con eritropoyetina exógena. La mejoría del hiperparatiroidismo
se traduce en una mejor respuesta a las mismas dosis de EPO y en unos
mejores niveles de hemoglobina y hematocrito.
La hipertensión arterial es una complicación asociada del
hiperparatiroidismo secundario y parece estar relacionada con las alteraciones
del metabolismo del calcio así como con el poder vasoconstrictor
(agudo) de la PTH en su acción sobre el endotelio vascular (20).
¿Qué cifras
de PTH-i se consideran normales para el enfermo con IRC?
A medida que avanza la IRC disminuye la respuesta
calcémica a la acción de la PTH, probablemente el receptor
1 de la PTH en el osteoblasto, y al mismo tiempo disminuyen el número
de receptores de vitamina D y de sensores del calcio en las glándulas
paratiroides, (21-23). Estos hechos conducen a la necesidad de unos niveles
más elevados de PTH para conseguir mantener normal el recambio
óseo. Por tanto, en esta fase, la elevación de niveles de
PTH puede ser inicialmente un mecanismo compensador. Si los niveles de
PTH-i se llevan hasta la normalidad, puede producirse una disminución
progresiva del recambio óseo hasta frenarlo totalmente dando lugar
a la enfermedad ósea adinámica. Esta alteración se
caracteriza por la presencia de un muy bajo recambio óseo con ausencia
de celularidad y también clínicamente por una mayor tendencia
a la hipercalcemia en los pacientes que reciben suplementos de calcio
y/o vitamina D, ya que dicho calcio no se incorpora al hueso (al estar
practicamente abolido el turnover óseo) y se deriva hacia otros
órganos, como los vasos o partes blandas, pudiendo favorecer las
temidas calcificaciones metastásicas.
Por tanto, los niveles que se consideran normales de PTH-i aumentan de
forma inversa al descenso del filtrado glomerular y se considera que al
llegar los pacientes a la insuficiencia renal terminal y por tanto a los
requerimientos de diálisis las cifras de PTH intacta no deberían
ser inferiores a 250 pmol/l.
Medidas para la prevención
de la aparición del hiperparatiroidismo secundario en la IRC
1.- Control de la hiperfosforemia
2.- Normalización de los niveles de calcio
3.- Normalización de los niveles de vitamina D
1.- Control de la hiperfosforemia
Cuando el FG desciende por debajo de 60 ml/min,
los niveles de fósforo plasmático son en la mayoría
de los casos normales pero puede iniciarse una retención tisular
de fósforo que desencadenará el proceso. El objetivo es
mantener los niveles de fósforo entre 0,8 y 1,5 mmol/l o lo que
es lo mismo entre 2,7 y 4,8 mg/ml.
En esta fase debe iniciarse una dieta
baja en fósforo, que en la dieta
mediterránea consiste en reducir principalmente lácteos,
legumbres y proteinas. Existe evidencia en la literatura de que una dieta
estricta retarda de forma significativa la aparición del HPT 2
º (24).
En la fase siguiente, a medida que avanza la IRC, la dieta es insuficiente
y se precisa añadir quelantes del fósforo. Si en ese momento
la calcemia es normal o baja podrán utilizarse sales de calcio
controlando periódicamente
la calcemia y el producto calcio-fósforo
que no debe exceder de 55 mg2/dl2 (25). Se ha demostrado que los niveles
elevados de fósforo se asocian a una mayor mortalidad cardiovascular
y este hecho es independiente de los niveles de PTH (26). Entre estas
sales las más utilizadas son el carbonato y el acetato cálcico.
Existen datos en la literatura que avalan que el acetato cálcico
puede tener el mismo poder quelante que el carbonato con un aporte de
calcio inferior por gramo de producto(27,28). Este hecho puede ser beneficioso
de cara a reducir el producto fosfocálcico de una forma más
efectiva. Si los niveles de calcio o el producto calcio-fósforo
son elevados pueden introducirse compuestos de aluminio en bajas dosis
( sobre todo si los niveles de PTH son elevados), preferiblemente sólo
durante un tiempo limitado y controlando de forma periódica los
niveles de aluminio en sangre (29). En la insuficiencia renal avanzada,
en las que el riesgo de osteopatía alumínica o depósitos
patológicos de aluminio en otros órganos es elevado, están
indicadas las resinas como el sevelamer (30). Se trata de una resina captadora
de fósforo y que no lleva sales de calcio ni aluminio. A su efecto
beneficioso sobre la fosforemia sin representar un riesgo para los depósitos
de cristales de hidroxiapatita en los vasos centrales y periféricos
y en las válvulas cardíacas se añade su poder hipolipemiante
que podría contribuir a reducir la placa de ateroma, y disminuiría
por tanto por doble vía el riesgo cardiovascular (31). Su inconveniente
por el momento es que se precisan dosis elevadas del producto y que su
indicación no está todavía reconocida en prediálisis
ni diálisis peritoneal. Existen otros quelantes en estudio como
son las sales de hierro (32) o el carbonato de lantano (33) de los que
no existe en este momento evidencia suficiente para que se pueda recomendar
su uso de forma sistemática.
2.- Normalizar los niveles de
calcio
En las fases precoces del HPT 2º, y debido
al déficit de absorción intestinal de calcio, existe tendencia
a la hipocalcemia, que puede controlarse con quelantes del P portadores
de calcio mientras el producto calcio-fósforo esté dentro
de límites normales. Si las cifras de PTH-i están ya elevadas
pueden aconsejarse pequeñas dosis de metabolitos de la vitamina
D. Deben mantenerse los niveles de calcio normales para cada laboratorio,
entre 2 y 2,5 mmol/l o entre 8 y 10 mg/dl.
En fases más avanzadas de la IRC los niveles de calcemia se normalizan
o incluso pueden hallarse ligeramente elevados en casos de hiperparatiroidismo
autónomo. Debe controlarse de forma estricta el producto calcio-fósforo
y si éste supera la normalidad se aconseja retirar las sales de
calcio de forma progresiva como en el apartado anterior ya que se ha demostrado
una asociación entre los suplementos de calcio y las calcificaciones
vasculares (34).
En pacientes con hipercalcemia pueden ser útiles los calciomiméticos,
productos que actúan sobre el sensor del calcio y disminuyen la
secreción de PTH (35). No están comercializados en la actualidad
en nuestros país pero existen experiencias que avalan su utilidad
y seguridad en la frenación de la secreción de PTH. (36).
3.- Normalizar los niveles de vitamina D
Como se ha dicho en la introducción
la producción de calcitriol desciende de forma progresiva a medida
que avanza la insuficiencia renal, y este hecho es más patente
en los pacientes malnutridos en los que los niveles de 25-OH-colecalciferol
son también infranormales. Es por tanto aconsejable introducir
tratamiento con metabolitos terminales de la vitamina D o con 25-OH colecalciferol,
siempre que los niveles de 25-OH-colecalciferol sean inferiores a 30 ng/ml
(75 nmol/L) y el producto calcio-fósforo lo permita.
Debemos recordar que la vitamina D aumenta la absorción intestinal
de P, lo que puede hacer más difícil el control de la hiperfosforemia
y que los niveles de vitamina D necesarios para actuar sobre los receptores
de vitamina D de las glándulas paratiroides son más elevados
a medida que avanza la insuficiencia renal debido a la disminución
de la expresión de sus receptores y a la disminución de
la sensibilidad (37) Este hecho dificulta el tratamiento ya que obliga
a mantener controles frecuentes de los niveles de calcio, fósforo
y PTH-i. No obstante, en los niños con insuficiencia renal crónica,
se ha demostrado que los aportes de vitamina D mejoran la tasa de crecimiento
estatural (38). Recientemente se ha introducido un nuevo derivado de la
vitamina D, el paricalcitol que parece tener un efecto inmunomodulador
(39) además de actuar de forma más rápida que el
calcitriol (40) y ser efectivo incluso con niveles elevados de fósforo
(41).
De todos estos conocimientos podemos extraer una serie de conclusiones
que constituirán la
Guía actual para el
tratamiento del hiperparatiroidismo secundario
Primera visita al nefrólogo
Debe establecerse el tipo de riesgo
cardiovascular que presenta el paciente
valorando:
presencia de diabetes, cardiopatía isquémica, tipo de enfermedad
renal, duración previa de la enfermedad renal, edad, sexo, tratamientos
concomitantes (corticoides, anticalcineurínicos, anticomiciales,
etc).
Debe realizarse un control de
calcemia, fosforemia, fosfatasas alcalinas y PTH-i y si es posible de
25 OH colecalciferol y de 1,25 (OH)2 colecalciferol
Estos datos nos marcarán las pautas a seguir y la frecuencia de
controles a realizar.
Pautas a seguir según
el grado de insuficiencia renal
A) Pacientes con FG superior a 60 ml/min
Objetivos :
Conseguir unos niveles de PTH-i inferiores a 65 pmol/l, calcemia entre
9 y 10 mg/100 ml, fosforemia inferior a 4,6 mg/100 ml y producto calcio-fósforo
inferior a 55 mg2/dl2 (23)
Pauta a seguir
1.- Si la primera determinación es normal se harán controles
una vez al año.
No existe evidencia de que la adopción de medidas en esta fase
sea útil para la prevención del HPT 2º.
2.- Si la primera determinación está alterada, se deberá
aconsejar reducir moderadamente los niveles de ingesta proteica, controlar
los niveles de fosfaturia y la creatinina en orina.
Existe evidencia de que en fases precoces de la insuficiencia renal existe
uns disminución de los niveles de calcitriol, en ausencia de PTH
elevada. En estos casos se ha demostrado el beneficio de tratar con dosis
bajas de calcitriol o alfacalcidiol (14) Se realizará un control
analítico cada 6 meses.
B) Pacientes con FG entre 30
y 60 ml/min.
Objetivos
similares a los del apartado anterior
Pauta a seguir
1.- Si las determinaciones basales son normales se realizará un
control analítico cada 6 meses.
2.- Si el primer control está alterado se deben solicitar niveles
de calcitriol y equilibrio ácido base.
Se iniciará restricción de fósforo en la dieta. Si
hay progresión del HPT 2º no hay evidencia si las dosis pequeñas
de vitamina D o los quelantes con calcio son mejor que la actitud expectante.
Si se introduce cualquiera de las dos líneas de fármaco
debe ser con un control analítico estricto y sin combinar ambos.
En un futuro la aparición de nuevos quelantes sin calcio pueden
plantear cambios de actitud en este sentido. Los controles deberán
ser cada 6 meses si no se inicia tratamiento y cada 3 si se introduce
cualquiera de los fármacos antes mencionados.
C) Pacientes con FG inferior
a 30 ml/min.
Objetivos
similares al apartado anterior y probablemente se deben aceptar niveles
ligeramente elevados hasta 100 ó 125 pmol/l.
Pauta a seguir
1.- Control del metabolismo fosfocálcico cada 3 meses.
2.-Si a pesar de la dieta existe hiperfosforemia con niveles de calcio
normales o bajos se pueden administrar quelantes portadores de calcio
hasta normalizar la fosforemia.
Si los niveles de PTH siguen elevados se pueden administrar pequeñas
dosis de vitamina D por via oral
Si los niveles de calcio están en el rango alto de la normalidad
o están francamente altos, deberá administrarse sevelamer
o substituir progresivamente los quelantes portadores de calcio por quelantes
portadores de aluminio.
En cualquiera de los casos deberá controlarse el producto fosfocálcico
para que no supere la cifra de 55 mg2/dl2. Si a pesar de todas estas medidas
los niveles de PTH siguen ascendiendo y existen repercusiones clínicas
deberá valorarse la posibilidad de introducir un calcimimético.
D) Pacientes en tratamiento sustitutivo renal
Objetivos: Debemos
recordar como hemos citado anteriormente, que en estos pacientes puede
considerarse normal una cifra de PTH-i hasta de 250 pmol/l.
Pauta a seguir
A las medidas anteriores podemos añadir variaciones en el contenido
de calcio del líquido de diálisis lo que nos permitirá
reducir el aporte de calcio y controlar más fácilmente el
producto fosfocálcico.
En los pacientes en hemodiálisis existe la posibilidad de administrar
vitamina D en bolus al final de la sesión que parece tener un efecto
más frenador sobre las glándulas paratiroides con menor
repercusión sobre la calcemia y la absorción de fósforo.
Se están valorando nuevos metabolistos de la vitamina D que tienen
al parecer mayor poder frenador con menor influencia sobre la calcemia,
como es el paricalcitol.
Los calcimiméticos pueden ser de ayuda en este tipo de pacientes
para prevenir la aparición de hipercalcemia y permitir administrar
mayores cantidades de metabolitos de la vitamina D.
Si a pesar del tratamiento siguen aumentando los niveles de PTH y su repercusión
clínica, debe recurrirse a la paratiroidectomia (42) después
de la localización de las glándulas mediante gammagrafia.
En la literatura existe discusión sobre cual es el mejor método:
la subtotal, la total con reimplante o la total sin reimplante. En cualquiera
de los casos la recidiva del hiperparatiroidismo es fácil y deben
aplicarse las mismas medidas de prevención que al inicio de la
insuficiencia renal.
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